Thursday, February 15, 2007

Por la amante baila el mono

Me gustan las mujeres como Pilar Mazzetti. Me gustan las personas que, actuando de buena fe o pendejamente, se mantienen firmes en sus puntos de vista y en sus declaraciones aunque se les venga encima todo el Peru. Es cierto que la sonrisita de remate en sus declaraciones la hace ver odiosa -algun marrano relacionista publico le ensenio eso- pero es firme y convencida. No importa para donde quieran llevarla los perodistas con sus preguntas tendenciosas. Ella responde sin nervios, con coherencia, y con la sonrisita odiosa.

Pero no todas tienen la suerte de recibir respaldo y confianza en premio (o retribucion justa) a su firmeza. Hace unos meses me convocaron en una de las empresas mas mediocres del Peru para jefaturar a un equipo de pelmazos trayendo reforma y ayudandolos a estandarizar sus procedimientos, ya que todos trabajaban de pura champa. Por supuesto, cuando tome el puesto, yo no sabia ni que era una de las empresas mas mediocres del Peru, ni que se trataba de un equipo de pelmazos. Realice esta verdad a los dos dias.

Trabaje muy duro, entonces, por cumplir mis funciones, pero adverti prontamente que habia que hacer algunos cambios para que las cosas funcionen. Al inicio me prometieron mucho apoyo, pero debido a la influencia de alguien a quien no podia identificar, cambiaron extraniamente de opinion y me dijeron que yo debia adaptarme a lo que habia.

Este alguien, descubri con las semanas, era uno de los mequetrefes del equipo, y, a su vez, nada mas y nada menos que amante de uno de los gerentes de la empresa. Este gerente, quien es cholo, es un tipo hipofisario, de aspecto mandrilesco, y tan, tan feo, que se le ve mejor con antifaz. La chica, quien es chola, y que tenia la mitad de la edad del gerente, estaba desplegando una serie de lo que ahora llaman "fortalezas" con las cuales yo no iba a competir. Su posicion la haria siempre ganadora.

Al ver que mi presencia no era de temer, el asi llamado equipo decidio meterme zancadillas todos los dias. Cada vez que yo decia algo, se tergiversaba con Gerencia General. Si cometia un error, era magnificado. Si daba una instruccion, ponian el pretexto numero cien para explicar por que no podian o debian hacerlo. Habia que tomar medidas radicales, pero nadie me dio poder.

Cuando me fui de esa empresa asquerosa, al poco tiempo, lo hice preparada mentalmente, y me asegure que escuchen a viva voz que ellos eran un excelente ejemplo de que, en el Peru, la mediocridad gana.


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